
- "Hija te has puesto la camiseta del revés"
- "Me gusta así"
- "Estamos en febrero hija, ¿no crees que pasarás frío con tirantes y minifalda?"
- "Pues no" Al día siguiente: neumonía
- "Te dije que te pondrías enferma"
- "No estoy enferma de eso, es de otra cosa... que no te diré"
Y ahora que mi madre no me escucha, admito que a menudo cometo el error de darle a todo una trascendencia extrema. Pero si incluso estar vivo es transitorio, ¿cómo de transitorio es todo lo demás?
A veces no somos capaces de discernir entre lo que es importante y lo que no lo es y nos lo tienen que venir a recordar desde fuera. Y en estas etapas admiro a los que han decidido no hundirse en el pozo de la dramatización, ni dejarse arrastrar por las circunstancias sean las que sean. Esta actitud ayuda a que la vida no sea esto tan grave que parece amenazar cualquier esperanza de felicidad. En Los caballeros de la mesa cuadrada, de Monthy Python, el rey Arturo desafía un caballero durante su viaje en busca de los hombres más valientes de las tierras. Así que empieza la lucha, consigue cortarle un brazo pero, ante la sorpresa, el caballero no se rinde y sigue luchando y aun estando manco, "es sólo un rasguño", dice.
El rey finalmente le corta el otro brazo, y da por hecho que ha obtenido victoria, sin embargo, el guerrero tampoco se detiene: "Bah, es una herida superficial". Y continúa luchando a patadas sin acobardarse.
Habrá temporadas en las que nuestros fundamentos se derrumben y los escombros nos caerán sobre la cabeza, temporadas en que creeremos que no tenemos más fuerzas y en el que nos sentiremos solos e indefensos. Y ojalá nos visite entonces una ráfaga de lucidez para recordarnos que por muy grave que todo se presente, probablemente sólo sea un rasguño.
Texto escrito por albetta88
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