
El interés, la falsedad y las dobles intenciones nunca son sanas. La verdad, el compromiso, el tener las cosas claras y darle un par de narices en el asunto nunca son fáciles de aplicar y si que lo suelen ser de predicar...
Pues bien, en mi escrito, que no por ello debe ser una opinión válida y libre de una subjetividad enraizada en las experiencias propias sino mas bien una opinión más poder valorar, todos deberíamos poner un poco mas de nuestra parte para ser más auténticos cuando nos relacionamos con los demás. Más sinceros, más claros, más concisos y menos pedantes en nuestros discursos. En cuanto al veneno de la falsedad e hipocresía que impregna nuestra sociedad personalmente creo que deberíamos purgar ello ... unos lo verán una tontería, puesto que se benefician de ella...
Yo opino que esto no ayuda a nadie, pensar lo contrario es 'creer una mentira. Aquellos que prediquen todo este tipo de vicisitudes insanas y de connotaciones tan negativas lo único que consiguen es hacer más daño a aquellos que los rodean e incluso acabar haciéndose daño a sí mismos. No por ello quiero decir que la mentira y el engaño no sea un medio para llegar a un fin ...
Pero es lícito o es realmente la forma en que queremos conseguir las cosas?
¡No! Tenemos que ir con la cabeza levantada, con la verdad por delante, los hechos y las verdades siempre duelen más que las confabulaciones y las mentiras. Aunque duela, aunque nos pese y aunque pueda herir a los demás, la verdad siempre es sencilla, estable y unívoca.
Dejamos las dobles intenciones aparcadas, la hipocresía, la banalidad y lo superfluamente prescindible en nuestra retórica. Entregamos de lo veneno que nos corroe, que nos debilita y nos destruye por dentro... seamos más auténticos. Si no lo somos, qué sentido tiene nuestra vida y nuestra manera de actuar en ella? Ninguno.
Artículo escrito por AdriaAlemany
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L'avi Albert, hace 4 meses
Lo que escribes me suena al personaje Alceste de la obra de teatro EL MISANTROPO, de Molière.