
Ningún dechado de originalidad dentro del estilo habitual del cine underground bizarro destila este filme, pero al menos cuenta con cierto atractivo propio merced a la destacada presencia de su protagonista principal, el luchador de pro-wrestling Al Snow que, como no podía ser menos, se encarga de coreografiar las escenas de lucha, así como de repartir mamporros a diestro y siniestro.
La idea viene de la mano del debutante Matt Niehoff que, junto al también novato Brian Cunningham, firma el guión tras el titánico esfuerzo de reunir un presupuesto en condiciones; dicho montante ha alcanzado para la contratación de actores de la talla de John Wells (sin nada reseñable en su filmografía) o Sebrina Siegel (desconocida por completo) y lo que restó, después de la contratación de los actores, se invirtió en los efectos especiales (baratos pero bien montados); la premisa es clara, pura serie Z que nadie debería tomarse muy en serio pero sí disfrutar abiertamente de ella a la menor ocasión.
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SINOPSIS
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Ralph y Max solo matan a gente mala, y solo después de que su jefe Sam, un hombre tan poderoso como falto de escrúpulos, haya ingresado una jugosa cantidad de dinero en sus cuentas privadas. Cuando Sam manda a la pareja asesinos a sueldo a un trabajo rutinario, éstos se encontrarán en medio de la más sangrienta conspiración.
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