Lisette Model presentó en Madrid su ya antiguo recorrido por la vida neoyorquina,
caracterizada por una sobria mirada sobre la gente y las calles de la ciudad. Una mirada que surge simplemente de observar y reconocer.
Comenzó en la fotografía por casualidad (antes se había dedicado al canto y a la pintura), pero también por necesidad, que no desapareció hasta pocos años antes de su muerte.
Model comenzaba una fotografía mirando, viendo lo que otros no podían ver, y terminaba el proceso en el laboratorio, recortando los pequeños detalles para que éstos respondieran a la intensidad que ella había observado. Su proceso fotográfico la distingue.
En sus imágenes observamos una clara evolución, tanto en su vida personal como en la profesional. Éstas presentan ironía y grandeza (en todos los sentidos), son primeros planos que nos permiten conocer a fondo al fotografiado, escenas cotidianas de la calle que muestran privacidad. Juega con luces y sombras, con los reflejos, los pies, los sombreros, las manos, la vejez....
La obra u obras de Model reflejan una época, pero llegan mucho más lejos. Son el reflejo de un ser humano vulnerable, fascinante y complejo. Nunca nos parecerá suficiente lo que podemos apreciar de la observación detallada de los otros, pero Model congela ese objeto de estudio para nuestro placer.
Nunca podremos cansarnos de sus fotografías; Model nos muestra con delicadeza la grandeza, ya antes mencionada, y la misería del día a día, el detalle, las pequeñas cosas que hacen que el ser humano se defina como tal y que nos diferencia unos de otros.
Tal y como dijo ella (cito textualmente) "La cámara es un instrumento de detección; muestra no sólo lo que ya conocemos, sino que además explora nuevos aspectos de un mundo en proceso de cambio constante. Nuevas imágenes nos rodean por todas partes. La rutina estéril, las convenciones y el miedo hacen que no las veamos. Encontrar esas imágenes significa tener el valor de mirar. Ser consciente de lo que nos rodea y de cómo es."
Bcg
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