Sentarme en este sillón se ha convertido en un sinónimo de reabrirme las heridas y aún cuando ya lo he hecho en incontables ocasiones ahora veo la sangre que de ellas mana bajo una nueva luz, pero no por ello me siento necesariamente mejor.
Me resulta cuanto menos curioso que a pesar de todas las lágrimas derramadas la mayor parte de mi dolor aún permanezca dentro de mi por la sencilla razón de que no supe separar el entendimiento del sentimiento y es que comprenderte no es óbice para no sentir rabia por todo lo que ha sucedido.
Y claro que la siento, pero no contra ti sino contra mi.
Todavía recuerdo el desconcierto que surcaba tu rostro al pensar que yo era realmente inaccesible y mi actitud fría al soltarme de tu mano y caminar delante tuya permitiendo que fueras junto a mí solo cuando yo quería, los dos palmos de distancia que guardaba entre mi corazón y el tuyo, la demostración constante de que no tenías ni un ápice de mi.
Pero todo eso ha quedado muy lejos ¿Verdad? Demasiado como para que yo recuerde como lograba hacerlo y para que tu recuerdes como se te encendía la mirada ante un nuevo reto, pues mi frialdad era producto de mi desconfianza pero una vez que confié en ti me volví dócil como un cachorrillo e intuyendo el peligro que podía alejarte de mi no tuve el valor ni la capacidad de fingir que aún no me tenías con la absurda idea de que si llegaba a demostrarte cuan importante eras para mi, actuarías en mi favor olvidando tus fantasmas.
Que tonta he sido.
En mi inocencia y cegada por el miedo y lo que sentía por ti, no vi lo que implicaba callar a toda costa por salvarnos y es que yo dejé de ser la mujer que brillaba con esa luz fría que tanto te atrajo para convertirme en tu luna relegándome voluntariamente a un segundo plano que reflejase la luz que tu a bien tuvieras proyectar sobre mí.
Ahora entiendo muchas cosas.
Tú no te marchaste solo por que tus fantasmas te atormentaran, te marchaste por que yo desaparecí, con lo cual tú no mantenías una relación conmigo sino con una pseudo-extensión de ti mismo. Tenerme al lado había perdido todo el sentido.
La verdad que hasta el momento yo solo había intuido me hiere ahora con una fuerza renovada y con la desesperanza que trae consigo el entendimiento solo puedo notar como el corazón me da un vuelco y entre lágrima y lágrima se pregunta:
¿Pero que es lo que he hecho?
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