La palabra es un traje
Hace 3 años • 313 visitas • 4 comentarios
Una cara triste puede ser convertida en alegre con un poco de maquillaje. Un cabello negro se puede convertir en rubio con un poco de tinte. Un cuerpo muy curvado puede ser rectificado con un vestido adecuado. Pero tras ese falso rostro alegre se esconde una gran pena que acaba condensando en una lágrima. Lágrima que corre el rimel y desemboca en un caos que arruga el fino vestido. Y de repente, aquel que había sido atraído por cantos de sirena descubre que ha caído en una trampa o, al menos, que tras aquel disfraz había otra persona, otro cuerpo, otros ojos, otro rostro. Engañamos, embaucamos intentando aparentar tener un cuerpo que no es nuestro.
De la misma forma actuan las palabras. Son vestidos, disfraces del pensamiento. Un pensamiento grosero puede ser edulcorado en un eufemismo. Un deseo inconfesable disimulado en un apetitoso verso. Un reo puede alabar a la libertad, un egoísta hablar de fraternidad. Un pensamiento tosco puede ser disfrazado con una palabra altisonante, un discurso firme. Un pensamiento puro puede ser degradado con un vulgarismo, una voz disonante o una pronunciación imposible.
Pero hay un espacio donde sólo las verdades pueden vivir. No en las palabras. Las palabras no son nada. En el mundo tangible, el solidario es solidario, el inteligente es inteligente, el valiente es valiente y el liberto es libre. No hay que escuchar los cantos de sirena, sólo hay que observar. La realidad delata al encantador de serpientes.
Hay una gran diferencia entre el impostor del cuerpo y el del verbo. El primero juega con algo que no deja der ser mutable, cambiante y así perfilar una pestaña no es más que un juego. El segundo engaña con lo más hondo e íntimo de sí mismo, su alma, la raíz más profunda, lo más indeleble de nosotros. Palabras bellas lanzadas por mentes certeras es la nota que culmina toda una canción. Palabras finas lanzadas por mentes toscas son cuchillos afilados que intentan condenarnos, embaucarnos. No hay mejor juez que la propia realidad. El movimiento se demuestra andando.
Turco, hace 3 años
No está mal... ¿pero no pecas de sobervia al hablar de algo tan efímero como la "realidad de una persona" ya sea en cuerpo o palabra siendo tú mismo una persona? Vale... solo es por tocar las narices