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LAS CIUDADES MEDIEVALES, IMÁGENES

Historia Medieval - Historia US

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Profesor: Gonzalez Gomez Antonio

Idioma: No especificado

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LAS CIUDADES MEDIEVALES: textos "Cayó, cayó la gran Babilonia, y quedó convertida en morada de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y a1lbergue de toda ave inmunda y abominable; porque el vino de la cólera de su fornicación bebieron todas las naciones, y con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los comerciantes de toda la tierra con el poder de su lujo se enriquecieron. Oí otra voz que decía: Sal de ella pueblo mío, para que no os contamine con sus pecados y para que no os alcance parte de sus plagas; porque sus pecados se amontonaron hasta llegar al cielo, y Dios se acordó de sus iniquidades". (Apocalipsis 18, 1-5); y más adelante: "Aleluya, salud, gloria, honor y poder a nuestro Dios, porque verdaderos y justos son sus juicios, pues ha juzgado a la gran ramera, que corrompía la tierra con su fornico1ción, y en ella ha vengado la sangre de sus siervos" (Apocalipsis. 19, 1-2). La ciudad medieval, aunque sus costumbres susciten el asombro de las gentes del exterior, no engendra la ansiedad que podemos sentir en nuestras grandes ciudades, en las que el espacio común va desapareciendo. En los últimos años del medievo se producen las primeras rupturas del equilibrio tradicional: el crecimiento de la superficie urbana, los motivos de seguridad e higiene, la instalación de palacios reales, la indudable formación de un espíritu de clase, llevan en los siglos XV y XVI a una separación progresiva de los espacios públicos y privados. La calle empedrada, quizá con una fuente pintada o esculpida, que exalta la gloria de la ciudad o de sus señores, ya no es del todo "mi calle"; es "de todos", en el sentido de esta expresión que significa "de nadie". Vista desde fuera, la ciudad despierta sospechas, hostilidad o codicia, sentimientos reveladores de una alteridad difícil de reducir. La ciudad, en el universo del campesino y en el del caballero, delimita un espacio cerrado que los excluye y que queda fuera de su alcance. Para ellos la ciudad es un lugar febril en el que todo se inventa, se proyecta, de donde irradia una vida inagotable, de sobresaltos imprevisibles. Yves Renouard. Une ville est une agg1omération close de muraílles, oú des hommes appartenant a des familles différentes adonnes á des activités diverses viven: de façon continue, rassemblés dans de nombreuses maisons, construites autour d'une église dédiáe á un patron particulier, et le plus souvent aussi d'une forteresse. Iis constituent une communauté particuliére, possédant des conditions juridiques propres, consciente de son originalité, et coordonnant les activités d'un plat pays plus ou moins étendu. (1969). Traducción: La ciudad es una aglomeración cerrada por murallas, donde hombres que pertenecen a familias diferentes y dedicados a actividades diversas, viven de forma continua, recogidos en numerosas casas, construidas alrededor de una iglesia dedicada a su patrón particular, y más a menudo en torno a una fortaleza. Constituyen una comunidad particular, que posee condiciones jurídicas propias, consciente de su originalidad, y que coordina las actividades de su campo, más o menos extenso. Edith Enne. Che cos'e una cittá? Rispondere a questa domanda per il Medioevo e apparentemente faci1issimo. Cinte di muta, fittamente costruite, sovrastate da campanili e torri, le citta si distaccano dalla campagna circostante come una sagoma compatta, ben diverse dagli straripanti insediamenti urbani del nostro tempo. Oltre a fa re della cittá una piazzaforte, le mura segnano anche l'ambito clave vigono uno speciale diritto urbano (cioé un'ampia eguaglianza giuridica fra cittadini che contrasta con l'ordinamento per ceti nobiliari in vigore fuori delle mura urbane) e una costituzione in cuí nei confronti del signore della propria cittá libere cittadinanze sostengono i princípi della partecipazione alle decisioni politiche o addirittura dell'autonomía (un ordinamento dunque embrionalmente precorritore di quella moderna eguaglianza fra tutti i cittadini di uno stato, la quale peró ha reso superflua appunto una tale libertá connessa alla cittá). (l972) Traducción: La pregunta "¿Qué es una ciudad?" es fácil de contestar de una manera plausible en cuanto a la Edad Media. Como una silueta compacta, el trazado de una ciudad medieval, densamente formada, rodeada por una muralla, y dominada por las iglesias y la fortaleza, formaba un contraste bien definido con el mundo rural... La muralla era más que una fortificación; delineaba un espacio de legislación urbana especial -es decir, aquella igualdad de gran alcance entre los vecinos de la villa que tanto se oponía al orden jerárquico y señorial que dominaba fuera de las murallas. Rodney Hilton La existencia de un mercado permanente y una heterogeneidad ocupacional parecen ser suficientes para definir una ciudad medieval de forma general, pero muchos historiadores quieren añadir a esto una dimensión institucional. Esto incluye la posesión por los habitantes de la ciudad de ciertas libertades básicas, sin 1as cuales su especial función podría no ser realizada. (1992) Gregorio de Tours (538-94): Por esta época, el bienaventurado Gregorio residía en la ciudad de Langres. Era un gran obispo de Dios, célebre por sus milagros y sus virtudes. Y ya que hacemos alusión a este pontífice (que es el bisabuelo materno del autor y fue obispo de Langres desde el año 506 hasta el año 538), he pensado que se me perdonará el hecho de insertar en este capítulo una descripción de la localidad de Dijon donde residía con frecuencia. Es una plaza fuerte dotada de murallas muy robustas en medio de una llanura muy agradable; las tierras son fértiles y fecundas hasta el punto de que tras haber pasado el arado una sola vez se arroja la simiente y se obtiene una grande y opulenta cosecha. Al mediodía está el río Ouche, muy rico en peces; por la parte norte penetra otro pequeño río que tras entrar por un portillo y pasar bajo un puente sale por otro portillo; tras haber regado todo el contorno del recinto con su cauce tranquilo, mueve los molinos con prodigiosa velocidad. Se han hecho cuatro puertas a los cuatro vientos y treinta y tres torres adornan todo el recinto; la muralla de este recinto se ha edificado en piedra de sillería hasta una altura de veinte pies, y por encima de mampostería; tiene treinta pies de altura y quince de ancho. No sé por qué esta localidad no tiene la calificación de ciudad. En tomo a ella hay fuentes preciosas. Por el occidente hay colinas muy fértiles llenas de viñedos que proporcionan a los habitantes un falerno tan noble que desdeñan el vino de Ascalón. Los ancianos cuentan que la ciudad fue edificada por el emperador Aureliano. Gregorio Magno (ca. 540-604): ¿Queda alguna cosa en este mundo capaz de alegrarnos? Todo son lamentos y dolor; se destruyen las ciudades, se arrasan los castillos, se devastan los campos y la tierra ya no es más que un desierto. Ya no quedan labradores en el campo ni habitantes en la ciudad. Y los pocos que quedan se ven zarandeados por toda clase de desgracias [...]. Hemos visto a muchos hombres convertirse en esclavos y a otros sufrir la mutilación o la muerte. Está bien claro hasta qué punto Roma, la antigua reina del mundo, ha venido a menos: oprimida por un gran dolor, queda despoblada de sus ciudadanos, atacada por el enemigo, no es más que un montón de ruinas [...]. ¿Dónde está el Senado? ¿Dónde está el pueblo? [...] El esplendor de las dignidades civiles se ha extinguido. La multitud de los ciudadanos ha desaparecido y nosotros, los que sobrevivimos, nos vemos desgarrados día y noche por un sinnúmero de tribulaciones. Ruperto de Deutz (1075-1129): (Cap. 8) Permítaseme ahora decir por qué el incendio triunfante se apoderó con tal rapidez de las torres de este odioso castillo [...]. Tened, bien en cuenta, queridos amigos, [...] que lo que yo odio intensamente no son las piedras o las murallas, sino la injusticia que habita en ellas [...] ¿Quién ignora que la posesión de este castillo [...] fue consagrada a Dios? Las tradiciones sobre la construcción del castillo varían; unos piensan que fue obra de Julio César [...]. Este castillo, notable por su belleza y su poderío, subsistió hasta el emperador Otón I. El hermano de éste, Bruno, arzobispo de Colonia, [...] lo mandó demoler [...]. San Heriberto [...] consagró a Dios el lugar del castillo, completamente en ruinas; utilizó las ruinas para la edificación de un monasterio [...] y purificó el lugar de cualquier habitación secular, instalando en la parte externa de la muralla a aquellos a quienes había expulsado [...]. (Cap. 9) Pero con el tiempo, la enorme negligencia de nuestros predecesores, demasiado acomodaticia para con los hombres del siglo, ha alentado el desenfreno [...]. Éstos han ocupado el castillo. Y no son sólo las torres y las murallas lo que han vuelto a levantar, para albergar en ellas a personas decentes según el mundo; han alquilado a gente de vida dudosa, de condición desconocida, sin reputación, los subterráneos llamados bodegas, similares a cavernas oscuras y a recovecos casi invisibles. Por eso las personas serias de nuestro entorno consideran esos locales negocios inmundos [...]. Precisamente, aunque el incendio tuviera otras causas, yo diría que ésa es la causa mayor y que se trata de un juicio de Dios. Así es como yo, en sueños, había visto el incendio antes de que se produjera [...]. (Cap. 10) Fue Caín primero que construyó una ciudad [...]. (Cap. 12) Abraham, Isaac y Jacob no construyeron ciudades ni castillos, al contrario, huyeron de las ciudades para habitar en tiendas y construyeron lo más opuesto a las ciudades y a los castillos en honor a Dios... 1 LAS CIUDADES MEDIEVALES: textos Otón de Freising (ca.1114-58): Aman la libertad de tal forma que rechazan cualquier exceso de poder y prefieren, para dirigirlos, a cónsules más bien que a jefes. Entre ellos

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