Cargando

Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecer nuestros servicios, recoger información estadística e incluir publicidad. Si continúas navegando, aceptas la instalación y el uso. Si no la aceptas, puede que no te funcione correctamente la página. Puedes cambiar la configuración u obtener más información a través de nuestra Política de Cookies.

Descargar apuntes 

Profesor: raul fernandez

Idioma: Castellano

Peso: 162kB

Atención: tu descarga comenzará en 10 seg.
Descarga patrocinada por Pisocompartido

Comentarios

Esto NO es el estado real de los apuntes, es una transcripción en bruto.
Vista previa:
Razonamiento ético en contexto de negocios Raúl González Fabre ­ julio 2013 ­ versión 2.0 Cualquier decisión intencional (orientada a un cierto propósito), inteligente (conscientemente evaluada) y libre (no tomada bajo coacción externa o compulsión interior invencibles) pertenece a nuestra vida moral como personas o como organización, según sea el caso. Por ello, a la hora de evaluar las alternativas de acción, de política, etc., entre las que vamos a decidir, es preciso considerar también su calidad ética. No basta con investigar su viabilidad técnica, su legalidad o su rentabilidad, para tomar una decisión responsable. Como la actividad empresarial es esencialmente social, necesitamos no solo ser capaces de evaluar nosotros desde el punto de vista ético las alternativas en juego en una determinada decisión, sino que también hemos de ser capaces de comunicar y discutir con otros nuestras ideas al respecto, de manera de alcanzar de manera suficientemente rápida (para responder a la realidad cambiante) acuerdos viables (que agrupen voluntades suficientes para llevarlos adelante) y socialmente legítimos (que no despierten oposición ética que pudiera dificultar su ejecución). Para lograr esos acuerdos dentro de la compañía y con sus stakeholders, es importante pasar del terreno subjetivo de las emociones, las intuiciones, las creencias, en que apoyamos muchas de nuestras primeras evaluaciones morales, al terreno intersubjetivo de las razones, donde argumentamos nuestra posición de maneras que se pretenden válidas para cualquier sujeto pensante, incluso si siente, intuye o cree de manera muy distinta a nosotros. En este papel proponemos algunos criterios racionales para la evaluación ética de alternativas de decisión, acción o política, tomados y adaptados de la Ética filosófica con numerosas simplificaciones para hacerlos más `practicables'. Más que como teorías exhaustivas sobre la ética, los adoptaremos aquí, de manera ecléctica, como luces de la razón que iluminan diversos aspectos de la dimensión moral de las alternativas bajo estudio. En vez de excluyentes, los tomaremos como complementarios. 1. Las consecuencias de la acción Si el objetivo de la Ética es hacer mejor al mundo, las decisiones, acciones o políticas serán tan buenas como sus consecuencias esperadas (si estamos evaluándolas antes de la decisión) o sus consecuencias efectivas (si estamos evaluándolas una vez implementadas). Esto es lo que sostiene una amplia familia de teorías éticas que suelen llamarse `consecuencialismos'. Los consecuencialismos pueden distinguirse unos de otros según respondan la pregunta: ¿las consecuencias para quién, deben ser consideradas relevantes? El egoísmo evalúa solo las consecuencias para uno mismo; el familismo toma en cuenta únicamente las consecuencias para el propio círculo de relaciones primarias; el nacionalismo para el propio país, etc. En Empresariales es frecuente suponer una suerte de "egoísmo corporativo": las que cuentan a la hora de la decisión son las consecuencias para la empresa. Una buena pregunta, que a veces recibe el nombre del `problema de agencia' es cómo, al legitimar desde la empresa el egoísmo como opción ética, se conseguirá que los trabajadores asuman el egoísmo corporativo en vez de directamente el egoísmo individual que, bien visto, les conviene más. Esto es, como conseguir que actúen consistentemente a favor de la empresa, incluso en los casos en que obtendrían más actuando al margen o a costa de la empresa. 1 Dejando esta cuestión aparte, el consecuencialismo cuyo valor ético cuenta con mayor consenso es el utilitarismo. Se trata de un consecuencialismo universalista: deben considerarse las consecuencias de la acción para todas las personas afectadas por ella, incluido quien toma la decisión. Es también igualitario: cada persona, incluso quien toma la decisión, debe contar exactamente lo mismo que cualquier otra, sin privilegios ni jerarquías. El consecuencialismo intenta dar a la evaluación ética un carácter científico. Idealmente, se trata de estimar las consecuencias de la acción que evaluamos sobre cada uno de los afectados por ella, utilizando algún procedimiento de medida. Probablemente algunas de esas consecuencias serán positivas y otras negativas. Las agregamos todas, con sus signos, para todos los afectados, en un indicador de utilidad. Si el total es positivo, la acción es buena; si es negativo, la acción es mala. Si se trata de comparar varias alternativas, la preferible será aquella que arroje un mejor valor del indicador de utilidad. A este proceso de evaluación ética matematizada se le llama `cálculo utilitario'. Hay tres formas de hacer operativa en concreto la idea básica del utilitarismo: 1. Cuando las consecuencias pueden ser clasificadas claramente en buenas y malas, y el balance total es indiscutiblemente positivo o negativo, puede prescindirse del cálculo y saltar directamente a la conclusión. 2. Utilizando la teoría microeconómica, podemos suponer que si no hay externalidades de importancia y las consecuencias económicas son las únicas relevantes, cualquier decisión, acción o política que tienda a aproximar a los mercados al modelo ideal de la competencia perfecta tendrá buenas consecuencias en conjunto (incremento del excedente agregado), mientras que si tiende a alejar a los mercados del modelo ideal de la competencia perfecta, las consecuencias de conjunto serán malas (disminución del excedente agregado). 3. Finalmente, podemos también usar cualquiera de los métodos matematizados de decisión que acostumbremos, con la variante de que en la función de decisión con que evaluamos cada alternativa incluiremos las consecuencias para cada uno y todos los afectados, considerando a estos por igual, como una persona. Es decir, convertimos la toma de decisión en un cálculo utilitario. 1.1. El cálculo utilitario La teoría matematizada de la decisión consiste básicamente en tres pasos, dada una situación en que debe decidirse: a. Identificar las alternativas. b. Identificar las consecuencias esperadas de cada alternativa, afectadas por la probabilidad de que esa consecuencia ocurra, si es el caso. c. Aplicar una función de decisión a esas consecuencias esperadas. La función puede ser cardinal y darnos por tanto un índice de decisión o de utilidad de cada alternativa; o puede ser ordinal y darnos simplemente un ordenamiento de las alternativas. La decisión consiste simplemente en tomar la alternativa con el mejor índice de decisión, o que queda primera en nuestro ordenamiento. Esto se aplica a toda la teoría de la elección racional. Lo que distingue al utilitarismo se encuentra primero en el punto b: 2 b. Identificamos las consecuencias para todos los stakeholders, no solo para quien toma la decisión. Y en el punto c: c. Diseñamos la función de decisión de manera que el índice o la posición de cada alternativa sean independientes de quién recibe esas consecuencias. Obviamente, ello afecta también al punto a, desde el punto de vista heurístico: a. Solo consideramos las alternativas cuyo balance de consecuencias en conjunto pueda sospecharse que está en el orden de lo más positivo (o lo menos negativo) que razonablemente quepa alcanzar en la situación. Las alternativas que obviamente producirán un resultado agregado para todos los afectados muy subestándar, no necesitan ser estudiadas. En general, la función de decisión debe evaluar las consecuencias de las alternativas en un indicador cuantitativo U comparable entre individuos, de manera que tenga sentido sumarlo a través de ellos. Por tanto, las consecuencias de la acción que se toman en cuenta son todas exteriores: no pueden medirse, compararse ni sumarse los eventos mentales. Por otra parte es preciso un procedimiento de medida para esas consecuencias. Evidentemente, ello es más fácil si solo hay una consecuencia relevante. Podría tratarse de ganancias o pérdidas económicas, de puestos de trabajo creados o destruidos, del número de personas contagiadas de una cierta enfermedad, de vidas humanas... Hecha la definición de consecuencias y procedimientos, todavía es preciso determinar: a. Quiénes son todos los afectados por la acción bajo estudio, esto es, quiénes sufrirán consecuencias significativas y previsibles (o quiénes las han sufrido, si estamos evaluando en retrospectiva). b. En qué plazo vamos a considerar las consecuencias de la acción o decisión. Dado que las consecuencias de cualquier acción se extienden hacia el futuro hasta el infinito a través de cadenas de causas y efectos, en algún punto ha de ponerse un límite para totalizar y sacar conclusiones. c. Por la misma razón, es también necesario establecer un límite al número de eslabones en las cadenas causa-efecto que incluiremos en el cálculo. Tratándose de realidades humanas, las primeras consecuencias de una acción (las que sufren las personas que reciben la acción en primer término) pueden ser estimables más fácilmente que las consecuencias segundas (aquellas que incluyen las reacciones de las personas al impacto primero que recibieron, las cuales vienen afectadas por la incertidumbre que introduce la libertad de cada persona). d. Si una acción puede tener una de varias consecuencias diferentes, dependiendo de factores que no están bajo control de quien la decide, será necesario estimar también la probabilidad de que ocurra una u otra de esas consecuencias. Tenemos entonces todos los elementos precisos para que nuestro cálculo de decisión matematizado sea un cálculo utilitario. 1.2. Algunos problemas y limitaciones del utilitarismo En su intento de convertir la evaluación ética en una ciencia, el utilitarismo recurre a una serie de simplificaciones, que dejan fuera aspectos relevantes de la decisión moral. Así, al tomar en 3 cuenta únicamente las

Los consejos tienen una finalidad meramente orientativa, sin entrar a juzgar la profesionalidad de los docentes de nuestras universidades. Los apuntes, así como el resto de contenidos que son elaborados por los usuarios de la web, en ningún caso son atribuibles a los profesores. Los nombres aparecen exclusivamente a título informativo como referencia para el usuario. Los modelos de examen de cursos anteriores son compartidos por los propios usuarios, y prentenden servir como guía orientativa de estudio para sus compañeros. Patatabrava.com no puede comprobar la veracidad y fiabilidad de todos estos contenidos académicos. En todo caso, Patatabrava.com se reserva el derecho a eliminar cualquier aportación que no cumpla las condiciones de uso en el aviso legal.

Buscador general de apuntes
Buscador general de apuntes
X
¿Problemas con la contraseña?

¿Todavía no eres de Patatabrava?

Aquesta finestra es tancarà en 3 segons

T’has apuntat correctament a aquesta assignatura. T’avisarem quan hi hagi nous continguts de la mateixa!

 

¿Seguro que quieres eliminar la etiqueta?

Esto sería un texto puesto dentro de un parrafito, explicando lo que fuera.